domingo, 6 de diciembre de 2009

La sociedad del espectáculo de Guy Debord


El argumento del situacionista Guy Debors, por radical que fuera en su momento, hoy pareciera sonar muy familiar incluso cansado, por lo menos de primera impresión: la cultura es una distracción de la realidad material; el interés de una elite social es el de mantener a las masas dóciles; los trabajadores son alienados del resultado de su trabajo en una sociedad industrial. En ciertos aspectos, estas ideas han sido absorbidas por el pensamiento radical y de izquierda a lo largo de 40 años desde que Debord publicó su Sociedad del Espectáculo en 1967. Sin embargo, el sentido de las implicaciones del entendimiento radical de Debord en tanto a las condiciones de realidad no ha sido entendido del todo. Su libro denso y dialéctico, y su película del mismo nombre realizada en 1973, postula un acercamiento a la realidad cultural que se puede pensar como una ciencia ficción política. Al examinar las fundaciones “espectaculares” de la vida moderna, Debord entiende y discute los significados tradicionales del “espectáculo” – entretenimiento, publicidad, fetichismo consumista, la cosificación de la sexualidad – pero va más allá al sugerir que el mundo visible en sí se ha convertido en un espectáculo que nos impide percibir la realidad de las cosas. El espectáculo de Debord es una versión proto-Matrix politizada en la que fuerzas invisibles conspiran para crear una realidad artificial completamente comprometida con su propia continuidad. La sociedad del espectáculo es un mundo en si mismo y todo los que ésta implica, una falsa ilusión de la que todos somos virtualmente prisioneros, un ciclo interminable de trabajo repetitivo y el ritual vacío del “placer” de las vacaciones o fines de semana.

La contradicción es para Debord la espina dorsal de su investigación: el espectáculo en el que todos vivimos se encuentra construido con cimientos que representan opuestos irreconcilliables, y detectar estas contradicciones lleva al entendimiento de lo absurdo de la sociedad moderna. La película es el intento de Debord de ilustrar su texto, desarrollar más sus ideas, y proveer de ejemplos visuales concretos de las cuestiones sobre las que escribía. Ésta es también da validez a los levantamientos de mayo del 68 en Francia, una celebración a la revuelta que Debord describió como el primer intento de terminar con las condiciones opresivas de la cultura moderna.

En el filme, la narración en voz-en-off rara vez se silencia, su rápido ritmo y la profusión

De ideas contradictorias se aproximan a la densa textura de la prosa de Debord, que insiste en infalible definiciones precisas. “El espectáculo no es una colección de imágenes” él dice al inicio tanto del libro como de la película, “por el contrario, es una relación social entre las perdonas que es mediada por imágenes.” Esta dialéctica del “es”/”no es” aparece con frecuencia; Debord define sus ideas primero estableciendo límites, declarando lo que no son antes de buscar lo que son. Su precoció puede se exhaustiva, y es difícil seguir con exactitud sus argumentos todo el tiempo al ver la película por primera vez, aun cuando se tienen conocimientos precios del texto. Las palabras de Debord se aprecian más impresas que en el fime.

Sin embargo, la película de al Sciedad del Espectáculo no es sólo una transposición del libro, y la concepción única de Debord en cuanto al cine, crea una forma de arte

completamente nueva al de la fuente literaria.

La estructura del filme refleja una cuidadosa consideración en cuanto al la relación del texto y de las imágenes, creando un comentario de las imágenes, representaciones, y del espectáculo de la cultura.

El concepto de Debord de détournement, palabra que los situacionistas inventaron para describir el reciclaje de elementos artísticos en un nuevo contexto para expresar un significado alterno al del artista original – se refleja claramente en su película. Debord copia y pega citas completas apropiándoselas sin comentar la autoría. Debord inserta frecuentemente texto en la pantalla o hacen referencia a su libro o citan otros autores, algunas veces respetando la autoría (Marx, Toqueville) y otras veces no ( un pasaje de Ricardo III de Shakespeare). En diversos puntos del filme presenta fragmentos de películas de Orson Welles, Nicholas Ray, John Ford, Sergei Eisenstein, entre otros, simplemente permitiendo a estos trozos que existan con los suyos. Pocas veces se presenta una perspectiva satírica de estas inserciones, ni siquiera existe correspondencias directas con la narración. El punto simplemente es poner sus imágenes en un contexto en el que el espectáculo esta continuamente minado, en el que el contraste entre el espectáculo y el no espectáculo pueden distinguirse claramente. Con fines similares, Debord se apropia de fotografía de moda y e imágenes pornográficas, imágenes del espectáculo cuya función en la sociedad esta directamente relacionada y descrita con la narración en voz en off.



En uno de sus segmentos ilustra con imágenes de bandas jóvenes de rock n' roll, sus contorsiones sexualizadas y espasmos pseudo-violentos que apuestan por una rebelión significativa en contra del espectáculo. El punto clave de Debord es que el espectáculo es, en este momento de la historia, la totalidad de la vida, y que cualquier cosa puede se absorbida por su fuerza abrumadora. En el rock n' roll, la insatisfacción juvenil junto con la las condiciones de la vida son empacadas y dotadas de una forma concreta que la hace vendible. La revolución se canaliza a través de música ruidosa e ídolos sexuales, y la juventud se reúne para ser testigos de un concierto de rock en vez de hacer una revolución. Es por esto que Debord ve la salvación en la abstracción, en lo que no se puede hablar ni expresar, aquello que no se puede moldear y vender a las masas. Otra postura ante la rebelión juvenil como commodity es la revolución del proletariado como otra commodity, una realidad que existió en la Unión Soviética de Stalin. En una de las partes más densas y devastadoras de la película, la voz en off de Debord describe la creación del espectáculo burgués en un contexto nominalmente anti-burgués, mientras que se nos muestran imágenes de Stalin dando un discurso cuyo contenido no es escuchado. Para Debord, la opresión estalinista es el epítome de la sociedad del espectáculo, una ilusión absurda en la que oficiales soviéticos simultáneamente vivían identidades contradictorias: como revolucionarios del proletariado y como burócratas totalitarias. Esto crea un gobierno paradójico en el que sus representantes no podían vivir por completo en ninguno de estos polos opuestos, por lo que oscilaban entre la declaración pública de los ideales del proletariado y la membresía privada en una estructura gubernamental cuya naturaleza elitista contradecía los objetivos del proletariado.

Esto es un potente ejemplo de las ilusiones disyuntivas que existen en el corazón de la realidad contemporánea. La claridad intelectual de Debord y su rigor, ayudan a explorar estas manifestaciones del espectáculo. Uno puede asumir, a partir de la forma en la que utiliza el material en el que vemos a Mao dándole la mano a Nixon y Kissenger como una ilustración de las interconexiones internacionales que Debord ve a todos los gobiernos del mundo equitativamente culpables de mantener el velo del espectáculo en los ojos de las masas. Para Debord, detenerse únicamente en una crítica política específica, sería perder su argumento, ya que los problemas del mundo no se limitan a gobiernos locales sino que son fundacionales, se inscriben en el seno mismo de nuestra sociedad. Esta película fue radical y sorprendente cuando se hizo, en 1973, y sigue siendo hoy una atinada reflexión acerca del poder global, el control y a opresión.


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