lunes, 7 de diciembre de 2009

Ciudad Genérica de Rem Koolhaas

Son las ciudades contemporáneas como los aeropuertos contemporáneos, es decir, 'todas iguales'? ¿Es posible teorizar esta convergencia? Y si es así, ¿a qué configuración definitiva aspiran? La convergencia es posible sólo a costa de despojarse de la identidad. Esto suele verse como una pérdida. Pero a la escala que se produce, debe significar algo. ¿Cuáles son las desventajas de la identidad; y, a la inversa, cuáles son las ventajas de la vacuidad? ¿Y si esta homogeneización accidental -y habitualmente deplorada- fuese un proceso intencional, un movimiento consciente de alejamiento de la diferencia y acercamiento a la similitud? ¿Y si estamos siendo testigos de un movimiento de liberación global: '¡Abajo el carácter!'? ¿Qué queda si se quita la identidad? ¿Lo Genérico?'



La ciudad se ha convertido en el espacio por excelencia de representación y expresión de las nuevas tensiones sociales, culturales, políticas del mundo contemporáneo. Paradójicamente, a la variante primera que la convertía en el espacio más real políticamente hablando, le acompaña el efecto derivado de una nueva complejidad que problematiza el aparente efecto identitario que se le había atribuido. La ciudad es cada vez más el escenario de derivas y flujos, de encuentros y fugas producidos en el territorio que articula los sujetos que la recorren, sus formas de vida, sus necesidades y ansiedades. Las marcas, las señales de diferenciación e identidad o reconocimiento constituyen una economía de lo simbólico que Richard Sennet o Paul Virilio han identificado en su dimensión funcional. Son ellas las que articulan el difícil equilibrio – cada vez más frágil – de las nuevas complejidades sociales.

Surge así un nuevo territorio urbano que Rem Koolhaas ha definido como la ciudad genérica. Escenario de la nueva complejidad, se constituye en la forma urbana que transforma los esquemas de la ciudad histórica, su memoria y fuerza simbólica, para desplazarse hacia el lugar neutro de coexistencia de grupos sociales, culturas, géneros, lenguas, religiones... diferentes. La ciudad genérica pasa a ser el nuevo laboratorio de relaciones, miradas, tolerancias, reconocimientos que confrontan directamente el modelo heredado de la antigua ciudad, dominada por la memoria de un tiempo sobre elque se construía la historia de una identidad. El nuevo cuerpo social – como escribiera Foucault – se presenta desde las marcas de diferencias múltiples, reunidas apenas en el provisional y frágil modelo de las nuevas relaciones sociales. No se trata de una identidad construida desde el segmento dominante de los tiempos comunes, sino desde la interferencia de tiempos y voces, memorias y narraciones diferentes.

Pero, al mismo tiempo, la ciudad genérica, que se construye de acuerdo a la lógica de la expansión y acumulación, representa otro modelo de concebir y mostrar la ciudad. Al debilitamiento de una identidad dominante, le sigue la producción de una estructura urbana radial y periférica, que Pierre Bourdieu ha analizado detenidamente entendiéndola como el lugar de representación negada de lo social. La ciudad genérica produce un nuevo ser social, construido desde la materia híbrida de las diferencias, de las ausencias forzadas por la distancia del lugar de origen, de su voz suspendida, de la mirada extraviada. Este nuevo ser social irrumpe en la ciudad genérica descentrando su sistema simbólico de poder, aquel que nombra y legitima los nombres y ritos de la historia hegemónica.

Habitar la ciudad genérica conlleva situarse en el espacio abierto de las estructuras difusas que generan los flujos humanos que recorren la ciudad. Este nuevo territorio constituye hoy un desafío creciente al trabajo de proyección y urbanización que la arquitectura tiene que resolver. Los referentes desde los que pensar las respuestas están ahora condicionados tanto por las complejidades nuevas como por las posibilidades de respuesta definidas a partir de las nuevas tecnologías. Es este nuevo lugar, en el que de alguna forma convergen los problemas y las disponibilidades técnicas, el que hace que el trabajo de la arquitectura se enfrente hoy a nuevas respuestas. Posiblemente lo que ha quedado atrás es una tradición difícil de restaurar y que hallaba en los principios del humanismo las referencias programáticas para pensar el proyecto. Hoy todo ha cambiado y proyectar tiene que ver con la necesidad de interpretación y decisión política sobre el territorio emergente del mundo.

Homes for America de Dan Graham



Desde 1965, Dan Graham ha tomado fotografías de casas típicas de los suburbios de Estados Unidos. Estas fotografías fueron vistas por primera vez en 1966 en la exposición Proyected Art en el Finch College Museum of Art de Nueva York. Ese mismo año, Graham diseñó su álbum con fotografías y texto titulado “Homes for America” mismo que se centraba en la problemática de esas casas como una nueva forma de vivir en la urbe.

En este trabajo, diseñado como un artículo de revista, Graham examina las posibles variaciones de estilo y color de las casas en serie. Originalmente, iba a ser publicado en una de las mejores revistas, pero a finales de 1966, se publico una versión modificada en Arts Magazine. Al texto que acompañaba a las imagines se le dio prioridad y muchas de las fotografías fueron cortadas.

Durante los sesenta, Graham vio al medio de la revista como uno apropiado para la presentación de su trabajo, por estar situado fuera de las instituciones del arte.

En sus fotografías, Graham intencionalmente ignora ciertas técnicas y se conforma con impresiones baratas y básicas, así como lo haría un reportero.

Aún así, los ángulos de sus encuadres, el ritmo, los juegos de luces y sombras, llaman mucho la atención y ejemplifican de manera perfecta la idea de serialidad y de las convenciones aceptadas sin discusión por la sociedad de las ciudades modernas.

On Kawara y Stanley Brouwn



Ambos artistas documentan recorridos en mapas, pero en la serie This Way Brouwn. El artista pregunta a los transeúntes cómo se va desde un punto A hasta un punto B; sus notas en un papel precisan las indicaciones. a veces las indicaciones son solo verbales y el papel se queda en blanco. luego estampa "this way brouwn" en las hojas de papel. En el caso de esta obra, ya esta predestinados tanto el lugar de inicio como en el que se concluirá el recorrido, y depende enteramente de un tercero para que le trace o le explique el camino. Esta obra se encuentra más relacionada con la estética relacional ya que sin el transeúnte, Stanley Brouwn no podría completar su pieza.


Visualmente, a serie remite a los dibujos rupestres y a una fomra muy antigua de relacionarse y orientarse con el espacio.

Mientras que I Went de On Kawara se trazan los recorridos hechos por el artista a lo largo de su vida. Su obra fusiona por completo arte y vida diaria.. Este artista japonés, compulsivamente documenta su vida en libros. Ha trazado mapas de sus caminatas diarias, y sus desplazamientos en los medios de transporte Del primero de junio de 1968 al 17 de septiembre de 1979. Esta obra tienen más que ver con la intimidad del artista en la que se ve reflejada la moral zen en la que el rigor y la rutina son virtudes esenciales.

Al documentar su recorrido diario por las calles de la ciudad, Kawara traduce su movimiento de un destino a otro ( interrumpido por mandados, visitas turísticas o las demandas normales de la vida en general) en la linealidad plana del dibujo.

Hartford Wash de Mierle Laderman Ukeles


La artista norteamericana Mierle Laderman Ukeles (1945) posee una larga trayectoria de reflexión vinculada al mundo de los servicios, del mantenimiento, desde 1969, cuando lanza su Manifest for Maintenance Art (Manifiesto por el Arte del Mantenimiento), documento teórico que une feminismo, activismo social, ecologismo y crítica institucional. Al parecer, el elemento catalizador fue el nacimiento de su tercer hijo que la obliga, una vez más, a replantearse su rol en tanto que artista y en tanto que ama de casa. “Soy madre –escribe Ukeles–, hago montones de cosas: lavar, cocinar, cuidar, preservar... también hago arte”. Luego continúa: “ahora simplemente voy a hacer las cosas de todos los días, elevarlas a la conciencia y exhibirlas como arte”. Su primer gran proyecto en esta línea fue, en 1973, la performance en el Wadsworth Atheneum, en Hartford NY, consistente en el lavado de las escaleras centrales y algunas galerías de la institución, en presencia del público visitante.

domingo, 6 de diciembre de 2009

affichages sauvages


En Europa y en Estados Unidos, comenzaron a juntarse grupos de artistas que a través de comportamientos automatizados y extremadamente rígidos, hacían referencia a la producción mecánica y en masa de imágenes y objetos y a la servidumbre decorativa de la forma cuadro en general. En Francia, el grupo formado por Daniel Buren, Niele Toroni, Olivier Mosset y Michel Parmentier llevó a cabo, por medio de prácticas pictóricas repetitivas y reductoras, un proceso de denuncia artística de este tipo, cuya evolución histórica resulta interesante analizar al menos parcialmente y en lo que refiere, precisamente, a la manera en que dicha denuncia ha sido asimilada por el contexto artístico. La evolución del primero de estos artistas, Daniel Buren, a partir de la disolución del grupo en 1967 resulta especialmente significativa si se quiere observar hasta qué punto se ha producido una inversión del impulso "crítico" que parecía animar su búsqueda artística en un principio. Dicho impulso resultaba más o menos explícito en las primeras intervenciones callejeras de Buren, los famosos affichages sauvages de carteles cuyo único contenido eran las ya famosas rayas de 8,7 centímetros de ancho. La elección de un único mensaje visual como elemento recurrente en las intervenciones de Buren poseía un cierto carácter problemático, basado precisamente en la mencionada negación del contenido pictórico y en la referencia a nada más que una mera superficie pintada (y producida, por añadidura, industrialmente). Cada vez que la "marca" de Buren aparecía en un lugar de la ciudad, aquella no solo tapaba (con cierta violencia simbólica) un mensaje concreto ya existente (un anuncio publicitario o propagandístico), sino que además revelaba, en el lugar señalado, el carácter estratégico de todo uso del signo en el espacio público.


Pero no se puede olvidar que, de igual modo, el uso que Buren hacía de los muros callejeros tenía un carácter promocional completamente ordinario; era una forma de anuncio, una búsqueda "salvaje" de notoriedad que manifestó una eficacia casi inmediata y atrajo una gran atención del medio artístico sobre este creador. Corría el año de 1968 -un año inaugural para la historia de la publicidad postmoderna- y las crecientes solicitudes de intervenciones en galerías y museos empezaron a convertir al "revolucionario" Buren en lo que es hoy plenamente: un decorador de interiores con una tendencia irremediable al manierismo. Eso no impedía al artista afirmar, en ese mismo año: "Todo lo superficial debe ser transformado constantemente; y puesto que la infraestructura permanece intacta, resulta claro que nada es modificado de modo fundamental... El arte es actualmente el más bello ornamento de la sociedad y no una señal de advertencia para la sociedad, tal y como debiera serlo y nunca ha sido".


A partir de la década de 1970, Buren empezó a declinar su motivo en todo tipo de espacios museales y urbanos, ocupando tanto las zonas funcionales o intersticiales (pasillos, escalinatas, sillas) como las superficies marginales o la señalética (banderas y banderolas, velas náuticas, ventanas, etc.). La capacidad específica de designación o indexation de dichos lugares por medio de la inscripción de un signo identificable permitió a Buren especializarse en una forma de presunta "crítica inmanente" a través del trabajo in situ, una crítica que Buren, con magistral oficio retórico, ha logrado casar siempre con un máximo grado de neutralidad... Esto explica su éxito comercial y la confianza con la que todo tipo de instituciones, eminentemente no neutrales, recurren a Buren desde hace más de tres décadas.

ver: Daniel Buren, Degree Zero Painting and a Politics of Beauty

Hans Haacke


La pieza controversial de Hans Haacke, titulada Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings, A Real-Time Social System, as of May 1, 1971 (1971) produce una abstracción de la relación social entre los ricos, dueños de edificios, y los pobres. Harry Shapolsky, un millonario propietario, resultó ser el dueño con mayor número de propiedades de la ciudad. Este trabajo ilustra las distintas maneras en que los ricos se aprovechan de los pobres.


Este trabajo consiste en 147 vistas fotográficas de edificios de departamentos en Nueva Cork, 6 fotografías de transacciones, un panel explicativo y mapas de Harlem y del Lower East Side. Cada fotografía está acompañada por texto que describe la localización y las transacciones financieras que envuelven al edificio en cuestión.

Entre otras cosas, Haacke analizó y documentó las conexiones entre la especulación de los propietarios, las relaciones entre los distintos dueños y el precio de los espacios habitables.


Haacke saca a la luz las transacciones de empresas de bienes raíces entre 1951 y 1971. Harry Shapolsky, fue la figura clave, que recibe protección de amigos influyentes y a pesar de ser culpable de múltiples prácticas fraudulentas, el sistema judicial no lo castigó como debiera.

La exposición individual de Haacke en el Guggenheim de Nueva York, para la que participaría esta obra, fue cancelado por ordenes del director del museo seis semanas antes de la inauguración, ya que algunos de los patronos de ésta institución habían sido expuestos en la obra del artista.

El curador que defendió la exposición fue despedido y muchos artistas tomaron el museo manifestando su inconformidad con la censura, misma que se volvió legendaria.

Yoko Ono, Vito Acconci y Sophie Calle

La pieza de Yoko Ono titulada Rape (1969) consistía en que un camarógrafo perseguiría a una mujer en la calle filmándola de manera persistente, Hay muchos autores que piensan que es una de las películas más violentas y con fuertes cargas sexuales que se han hecho, aún cuando no hay carne que toque carne.

Yoko Ono, Rape, 1969


Rape es el ejemplo perfecto de que la mirada de la cámara interrumpe el comportamiento “ordinario” para implantar su propio régimen. Por otro lado, la pieza pretendía ser una metáfora de la despiadada vigilancia a la que todos podríamos estar teóricamente sujetos, como ciudadanos del mundo moderno.

En la pieza, una mujer es literalmente acosada por la cámara. El video es el reflejo de una experiencia traumática, real o imaginaria, que incluso hoy, deja al espectador una impresión claustrofóbica muy realista. Mientras más avanza el filme, más intolerante se vuelve la mirada voyeuristica de la obsesivo diálogo forzado entre la realidad y el medio que la está documentando.

La autentica interferencia de Ono en la esfera privada de una mujer anónima fue más lejos que la acción conceptual de Vito Acconci titulada Following Piece, del mismo año.

Vito Acconci, Following Piece, 1969


Esta última es uno de los primeros trabajos del artista en el que se seleccionaba a un peatón y se le seguía hasta que desapareciera en un espacio privado al que Acconci no tuviera acceso. La acción de seguir a un extraño podría durar unos cuantos minutos o hasta cinco horas. Acconci realizó esta acción diariamente durante un mes. El artista filmó todas sus persecuciones y posteriormente las mandó, cada una a un miembro distinto de la comunidad artística.

Esta pieza a diferencia de la de Yoko Ono, sólo podía llevarse a cabo si la persona a la que el artista estaba siguiendo no se daba cuenta de que estaba siendo usada. Esto mismo pasa con la pieza Suite Vénitienne de Sophie Calle que es la única de las tres que utiliza la fotografía como medio de documentación en vez de la cámara de video.

Sophie Calle, Suite Vénitienne, 1980

El trabajo de Sophie Calle está basado en seguir a una persona y fotografiarla sin que se diera cuenta. A diferencia de los dos ejemplos descritos anteriormente, la obra de Calle siempre tiene implicaciones autobiográficas y va acompañada y complementada por notas que narran detalladamente los sucesos.

En Suite Vénitienne, la artista conoce a un hombre en París y decide seguirlo hasta Venecia ( es la única de las obras en donde el sujeto a seguir no es anónimo ni escogido al azar). Las fotografías son acompañadas por un reporte escrito que captura y ordena los diversos sentimientos que provoca en su esfuerzo.

La obra es una confesión de deseo en la que se exponen secretos íntimos de la artista, su trabajo, a diferencia del de Acconci y Ono se encuentra más relacionado con la auto-documentación y la investigación de un ritual, una fantasía, la anticipación y el deseo.