Para Michel de Certau, toda ciudad comienza con pasos que pudieran registrarse en mapas urbanos para transcribir sus huellas y trayectorias pero que finalmente son un numero que no forma un serie, ya que no son cuantificables, y es por la diferencia de estas huellas que la ciudad adquiere matices. “Las variedades de pasos son hechuras de espacios, tejen los lugares”.
Los pasos son los sistemas reales con los que se entrama la ciudad y la desaparición de éstos deja un vacío que no es reemplazable con un nuevo recorrido en forma de trascripción de lo caminado por otros y de la "ausencia de lo que ha pasado". En palabras de de Certau, ”En su calidad de visible, tiene como efecto volver invisible la operación que la ha hecho posible, estas fijaciones constituyen los procedimientos del olvido… las lecturas de recorridos pierden lo que ha sido: el acto mismo de pasar, la operación de ir, de deambular, o de "comerse con los ojos las vitrinas" o dicho de otra forma, la actividad de los transeúntes se traslada a los puntos que componen sobre el plano una línea totalizadora y reversible.
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