domingo, 6 de septiembre de 2009

Walkscapes


En esta primera lectura de Walkscapes. El Andar como practica estética, Francesco Careri relaciona las primeras manipulaciones del paisaje, o bien, los primeros elementos arquitectónicos con el andar de los nómadas prehistóricos. Careri nos da su visión del levantamiento del menhir como acción simbólica utilizada para transformar el lugar.

A lo largo de la lectura el autor nos invita a dejar a un lado los posibles significados que los historiadores les han dado a estas antiguas construcciones y más bien nos invita a crear consciencia del impacto que pudieron haber tenido visualmente erguidas en el horizonte.

Desde mi punto de vista, es una lectura muy interesante, sobretodo por que nos hace conscientes del flujo que hubo en la antigüedad y no tanto de lo sedentario, de donde creemos que surge todo. De igual manera, me parece bastante acertada la visión del menhir como elemento modificador del paisaje, como indicio de una arquitectura simbólica creada por el hombre para ser transitada. esta última idea no se aleja mucho de prácticas religiosas que se siguen realizando hasta hoy tales como los peregrinos que van a la ciudad de la Meca y rodean la Kaaba siete veces para honrar a la Piedra Negra, así mismo, los budistas transitan al rededor de una stupa. tanto el menhir, como la Kaaba, como la Stupa son espacios "del andar" y no "del estar" y también son casos en donde se fortalece la teoría de Careri de que es muy difiícil separar la arquitectura del recorrido.



A pesar de que comparto algunas cuestiones con el autor, no estoy de acuerdo en que en ningún momento se mencionen a los astros (sólo hace mención del sol) como elementos importantes de localización. Careri dice en el texto:


...resulta un poco difícil imaginar de qué modo los viajeros de la antigüedad lograron atravesar continentes enteros sin la ayuda de mapas, calles o señales de indicación. Y sin embargo, un trafico increíble de viajeros y comerciantes atravesaba continuamente las campiñas impracticables y territorios desconocidos, al parecer sin excesivas dificultades. Es bastante probable que los menhires funcionasen como un sistema de orientación territorial fácilmente inteligibles para quienes conocían su lenguaje: una especie de guía esculpida del paisaje que conducía al viajero hasta su destino, llevándolo de una señal a la siguiente a lo largo de las rutas íntercontinentales.


La astronomía fue, y sigue siendo, una herramienta indispensable para la orientación en los desplazamientos y viajes. Inclusive hay muchos estudiosos que han encontrado diversas relaciones entre estas construcciones megalíticas y los astros.




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