Entre los procedimientos situacionistas la “teoría de la deriva”, propugnada por Guy Debord en 1958, se presentaba como una técnica de paso ininterrupido a través de ambientes diversos. Consistía en el desplazamiento de una o varias personas, durante un tiempo más o menos largo, dejándose llevar por las solicitaciones del lugar y por los encuentros que en él le acontecían. El azar tomaría parte importante en esta actuación, pero sería menos determinante de lo que parece, pues desde el punto de vista de la deriva, existe en las ciudades un “relieve psicogeográfico”, con recorridos constantes y puntos fijos, factores que siendo dominados mediante su conocimiento o el simple calculo de posibilidades, sería posible el control de lo que se pretendía como un aleatorio vagar urbano.
Así pues, la deriva estaría en íntima conexión con lo que se denomina psicogeografía: que Guy Debord en su Introducción a una crítica de la geografía urbana. definió como "el estudio de las leyes precisas y de los efectos exactos del medio geográfico, conscientemente organizado o no, en función de su influencia directa sobre el comportamiento afectivo de los individuos."
Así pues, los mapas de los situacionistas son ajenos a las fronteras administrativas de las ciudades que homogeneizan el espacio, realizando una descripción emocional del espacio; de este modo, un mapa estaría compuesto por fragmentos de ciudades que se relacionan de forma aleatoria, no por su funcionalidad sino por su carácter emocional.
La deriva situacionista apuesta por una utilización experimental y no productiva del espacio urbano, destacando el carácter fragmentario de las zonas urbanas.
En este sentido el arte tiene mucho que aportar al respecto, ya que a partir de determinadas obras de arte se puede extraer un análisis del habitar como significación simbólico-cultural, así como de los principios estéticos que intervienen en el uso de los espacios por la sociedad contemporánea. De hecho, inicialmente el pensamiento situacionista estuvo interesado en los supuestos que sustentaban el arte moderno – el arte ligado a la vida - , y apostaron por la creación de un arte integral, dándose cuenta que este arte debía estar en relación directa con la vida urbana, esto es, la ciudad.
La muestra Santiago Dérive tiene como antecedente las premisas de Guy Debord. Partiendo de éstas, Hamilton desarrolla un discurso crítico en torno a las transformaciones que ha sufrido la capital chilena en las últimas décadas como consecuencia del desenfrenado proyecto neoliberal que ha apostado el todo por el todo a favor del supuesto “milagro económico”. Hamilton recorre su ciudad con una mirada sagaz y asombrada, y registra los contrastes y contradicciones que cada día se agudizan más, como ha sucedido en las grandes urbes tercermundistas cuyo crecimiento desordenado y desigual ha polarizado todos los sectores y estratos de la sociedad.

Santiago Dérive está compuesta por una serie de 30 fotografías, una pieza de arte objeto y un mural. Las 3 obras están articuladas entre sí y son complementarias del discurso filosófico y visual de este artista que se ha dedicado a observar, cuestionar y poner en manifiesto a través de su creación “ el impacto de la globalización y de la economía en el Chile de la post-dictadura”. Las fotografías son parte de un amplio registro de más de 200 imágenes del triciclo repartidor que circula
y por el otro, significa la contraparte del impresionante desarrollo arquitectónico urbano.
El artista descontextualiza uno de estos triciclos, lo interviene y le adapta una caja de luz donde proyecta una vista del barrio financiero conocido como “Sanhattan” - en alusión a Manhattan- donde vemos una serie de rascacielos de los que han proliferado en los últimos años en todas las ciudades como emblema del triunfo del capitalismo y orgullo de las sociedades globalizadas. El triciclo funciona como un ready made que deviene objeto escultórico y estético. En la imagen en la caja de luz vemos una fila de lujosos edificios cuyos ostentosos materiales de construccióncontrastan con la imponente cordillera andina que se erige al fondo como único signo distintivo de la ciudad.

Para Hamilton, esta imagen deliberadamente cosmética parodia el mal gusto de esta arquitectura de nuevos ricos que raya en el kitsch y es metáfora de la falacia de un proyecto económico altamente cuestionable que hasta el momento ha beneficiado solamente a unos cuantos. El mural realizado con afiches de papel que simula mármol es una
especie de trompe l´oeil que habla también de la falsedad de estas pretensiosas construcciones.
Patrick Hami
lton elabora un discurso crítico de una elegancia sorprendente, sustentado en imágenes contundentes que sintetizan la búsqueda formal y el contenido contestatario, utilizando el entorno urbano como experiencia artística para llevar a cabo su propuesta estética y filosófica, en el sentido que propone Italo Calvino en Las ciudades invisibles: “De una ciudad disfrutas la respuesta que da a una pregunta tuya, o a la pregunta que te hace obligándote a responder”. En Santiago Dérive el espectador se une a las preguntas y respuestas de Hamilton en torno al fenómeno económico-social de nuestras ciudades.
Ver. Introducción a una crítica de la geografía urbana de Guy Debord.
Ver. Teoría de la Deriva de Guy Debord.
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